jueves, 17 de enero de 2008

Hojaldre de manzana

En casa, ya no hay engaños porque es la cocinera quien tiene la opción de hacer un delicioso hojaldre con mantequilla fresca, o tomar la tangente y usar uno de esos congelados, que a pesar de estar elaborados con grasasanimales procedentes de sebo de vaya usted que animal, lo cierto es que evitan mucho trabajo y tampoco están tan mal.

Desde luego la mejor opción es contar con algún obrador de confianza y encargarle que nos prepare una plancha de hojaldre que luego si nos sobra, ya la congelamos nosotros, pero sabiendo que se ha preparado artesanalmente y con mantequilla de verdad (¡Ojo! eso que llaman Pingüino no es mantequilla sino margarina).

En cuanto al postre es muy sencillo y rápido.

Empecemos por preparar un agua acidulada, es decir una olla con un litro de agua y el zumo de dos limones, en ella sumergiremos las lonchas de manzana para evitar que se oxiden y lograr que conserven el color blanco y el sabor ácido.

Con un descorazonador les quitamos el tronco y sin pelar, las partimos al medio una y otra vez hasta dividirlas en dieciseis lonchas mas o menos regulares que sumergimos rápidamente en el agua de limón.

A continuación untamos con mantequilla la bandeja del horno.

Sobre una superficie fría, a ser posible marmol, extendemos con un rodillo o con una botella la masa de hojaldre; conviene poner un poco de harina sobre la mesa de trabajo y espolvorear también el rodillo.
Colocamos la masa sobre la bandeja prorando que la cubra por completo y a continuación de barniza con clara de huevo batida.
Encima repartimos las lonchas de manzana procurando hacer como si fuesen las escamas de un pez, así cuando se doren resultarán mas apetecibles.
Así simplemente se puede ya hornear y si las manzanas son de buena calidad el postre estará muy rico y bajo en calorías.

Para que resulte más sabroso, se reparten algunas virutas de mantequilla sobre la fruta y luego se espolvores de azucar.

No hace falta seguir las instrucciones que indica la caja del hojaldre ya que cuando se vea que este está bien doradito, esa es la señal de que el postre está listo, lo que si conviene es precalentar bien el horno a unos 250ºC para suba un poco la masa y resulte crujiente.

Al sacarlo de horno se puede barnizar toda la superficie con un poco de mermelada de albaricoque que no distorsiona nada el sabor y queda muy bien.

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